Pajearse en la ducha tal vez sea uno de los mayores placeres al que el hombre pueda aspirar.
Como cagar un sorete duro que cueste trabajo.
Como acabar, vestirte e irte sin dar explicaciones.
Como fumar un porro a las dos de la tarde en plaza Congreso escondiéndose de la policía.
Como eructar en la mesa y no tener nadie alrededor a quien pedirle disculpas.
Como vomitar en el medio de la noche y recuperar las ganas de seguir tomando.
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