Es la repetida historia del asesino que nadie lo sospecha como tal, con todos los clásicos escenarios que ya se vieron una y otra vez en el cine: pueblo pequeño donde todos se conocen, mujeres sugerentes víctimas del asesino en cuestión, policía que sabe mucho pero no logra comprobar nada…
Hasta ahí, otra película más. Pero ésta viene con un gancho extra, Michael Winterbottom detrás de cámara, aunque este detalle no asegure que vaya a ser una gran película, ya que podría ser un desliz como alguno que ha tenido en su cambiante y nada clásica carrera, al final termina siendo una pequeña, intima y agobiante maravilla con una buena cuota de estilo personal.
Casey Afleck, el bobito que es hermano de el más bobo pero que de un día para el otro se convirtió en un respetado actor, se carga a los hombros el personaje que es todo el film en cuestión, en él pesan todas las acciones y es increíble ver el proceso por el que su conciencia pasa y que no podamos tomar partido ni por el entendimiento ni por el odio absoluto. La frialdad con la que este sujeto decide quién debe morir, y sus razones imposibles de justificar o entender hacen la delicia de ésta película. No hay empatía hacía el personaje, pero mucho menos crítica, simplemente es y hace sin valores ni juicios éticos.
Las minitas están muy bien, las escenas de sexo sado están mejor y los personajes son impresionantes. Es prolija y hermosa desde el principio y el final sorprende y deja contento.
De las buenas películas que no hay que dejar pasar por alto.

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