Un fin del mundo provocado por la destrucción espacio-tiempo. Un conjunto de actores malos increiblemente bien dirigidos, musicales sin razón, colores e imagenes sin freno. Un delirio absoluto, un viaje como ninguno. Richard Kelly ya había jugado con la misma temática y con el mismo estilo pop en su primera película, Donnie Darko, pero en esta (su sugundo film) lleva todas las apuestas a los limites del absurdo. Increible.
2) NIÑOS DEL HOMBRE
A diferencia de la primera en ésta lista, el fin llega de la manera más gris y silenciosa. Cuando dejan de nacer niños por alguna razón ajena a nuestro conocimiento, la sociedad cae en picada a la total anarquía. Alfonso Cuarón es groso, sabe lo que hace y le gusta hacerlo, sólo con presenciar ese larguisimo plano secuencia del final en medio de una batalla a todo trapo me van a dar la razón. Y se despacha con cierto optimismo para no hacernos llorar.
3) RESIDENT EVIL
Aunque en la primera película de esta saga no se ve el apocalipsis, porque recién llega en la segunda, tiene todo lo que el público guarro quiere ver. Este fin del mundo llega de la mano de una corporación creadora de un virus que convierte a todos en zombies, y es la perfecta excusa para hacer una zarpada película de acción y gore. Milla Jovovich la rompe, y la película en general no falla, es divertida de principio a fin.
4) LA CARRETERA
Pesimismo al palo, un fin natural que llega sin aviso y sin explicaciones para cagarle la vida a todos. La muerte del planeta es lenta, pero los humanos que quedan vagando por ahí se encargan de apurar los trámites volcándose al canibalismo y otras yerbas. La película es tan lenta como el fin en sí, pero las imágenes y la fotografía la hacen un placer. Aparte, hay que admitir que Viggo Mortenssen es un poco capo.
5) EL TIEMPO DEL LOBO
Es una película de Haneke, por lo tanto se puede esperar cualquier cosa. El planteo es muy similar a La Carretera, un fin silencioso, sin explicación y lento, pero la diferencia es la mirada cínica del alemán para contar el comportamiento humano frente a una situación de esa magnitud. La solidaridad, el amor, la bondad, son sentimientos de los que Haneke descree y se le nota bastante a cada minuto. La fotografía es impactante, pero es tan lenta que por momentos puede pecar de aburrida.





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